Dolor de rodilla al caminar y flexionar: causas y qué hacer

Lo básico 🦵

  • El dolor de rodilla al caminar y flexionar suele deberse a sobrecarga, lesión de menisco, tendinitis o desgaste articular
  • En la mayoría de los casos mejora con reposo relativo, frío y ejercicio progresivo
  • La zona exacta donde duele orienta bastante sobre la causa
  • Hay señales — bloqueo, hinchazón evidente, imposibilidad de apoyar peso — que exigen consulta sin esperar

Subes cuatro pisos por unas escaleras estrechas de Gràcia y notas ese pinchazo justo al doblar la rodilla; o simplemente caminas por la Diagonal y, al cabo de un rato, aparece esa rigidez articular que no estaba ahí la semana pasada. El dolor de rodilla al caminar y flexionar tiene, casi siempre, una explicación bastante menos dramática de lo que uno imagina en el momento.

Lo habitual es que la molestia al doblar la rodilla venga de una sobrecarga sin más, de una tendinitis o de un desgaste articular que se ha ido acumulando. También puede tratarse de una lesión de menisco, sobre todo si hay hinchazón en la rodilla o un chasquido que no pasa desapercibido. Y sí, el dolor al subir o bajar escaleras es uno de los síntomas que más orienta al origen exacto, como verás más abajo.

Esta guía va directa al grano: qué causas son las más frecuentes, qué indica la zona exacta donde te duele, qué hacer en casa ya mismo, y en qué momento dejar de aguantar y pedir cita.

Por qué duele la rodilla al caminar y flexionar

No todas las rodillas duelen por lo mismo, y el patrón suele ser bastante reconocible si prestas atención a cuándo aparece y cómo se comporta.

Sobrecarga o uso excesivo

Es la causa más habitual, sin competencia. Aparece cuando aumentas de golpe la actividad, vuelves al deporte después de un parón o repites el mismo gesto de flexión demasiadas veces seguidas. La buena noticia: suele mejorar bajando temporalmente la carga, sin necesidad de más.

Lesión de menisco

El menisco es el cartílago que amortigua la articulación, y un desgarro ahí duele especialmente al flexionar, al ponerse en cuclillas o al girar la pierna. Si además notas chasquidos o la rodilla se queda bloqueada un instante, apunta directamente aquí.

Tendinitis (rotuliana, del cuádriceps o pata de ganso)

Inflamación de un tendón por sobreuso o por una mecánica de pisada que no ayuda. Se agrava si pasas muchas horas de pie o repites saltos y gestos bruscos. Las ondas de choque son, hoy, un tratamiento habitual para este tipo de cuadro.

Síndrome femoropatelar (condromalacia)

La rótula no desliza bien sobre el fémur, y el resultado es dolor en la parte delantera al agacharte, al subir o bajar escaleras, o después de estar mucho rato sentado — el típico «se me duerme y luego duele» del cine o del avión.

Síndrome de la banda iliotibial («rodilla del corredor»)

Fricción de la banda que va de la cadera a la rodilla sobre el fémur. Duele en la parte externa y es prácticamente una firma de quien corre: empeora, y bastante, al bajar cuestas corriendo.

Quiste de Baker

Un bulto lleno de líquido en la parte de atrás de la rodilla, que se puede palpar como un pequeño garbanzo. Limita la flexión y suele ir de la mano de una artrosis o de una lesión meniscal previa.

Bursitis

Inflamación de una bolsa sinovial por presión repetida, típicamente por arrodillarse mucho o por sobrecarga. Duele en particular al flexionar más de 90 grados.

Artrosis o artritis

Desgaste del cartílago articular, más frecuente a partir de los 50 años. Trae rigidez —sobre todo por la mañana—, dolor que va a más con el tiempo e inflamación.

Lesión de ligamentos (LCA, LCM) o esguince

Esta sí suele tener un momento claro: un giro brusco, un golpe, una caída. Puede causar hinchazón inmediata, sangrado dentro de la rodilla o esa sensación de que la pierna no responde bien al apoyar el peso.

Dónde te duele exactamente: qué indica cada zona

La localización del dolor no sustituye un diagnóstico, pero sí estrecha bastante el abanico de posibilidades.

Parte interna de la rodilla

Suele apuntar al menisco interno o al ligamento colateral medial. Es frecuente tanto en lesiones de menisco como en sobrecargas de la articulación en general.

Parte externa o lateral

Aquí entra en juego la banda iliotibial, o el menisco externo. Es habitual en corredores y en cualquier actividad con flexión repetida.

Parte delantera, cerca de la rótula

Asociada al síndrome femoropatelar o a la tendinitis rotuliana. Duele al agacharte, al subir o bajar escaleras, o después de largas horas sentado — si tu dolor aparece justo al levantarte del sofá, probablemente sea esto.

Parte trasera (hueco poplíteo)

Puede deberse a tensión de los isquiotibiales, a inflamación articular general o a un quiste de Baker.

Parte superior

Suele relacionarse con el tendón del cuádriceps o con sobrecarga muscular en la parte anterior del muslo.

Qué hacer en casa cuando empieza el dolor

Para un dolor reciente y sin señales de alarma, hay medidas sencillas que ya puedes aplicar hoy mismo.

  • Descansa y evita apoyar peso en la rodilla mientras dure la fase aguda
  • Aplica hielo: 15 minutos cada hora el primer día, y luego al menos 4 veces al día — siempre envuelto en una toalla, y sin quedarte dormido con él puesto, porque hay riesgo real de quemadura por frío
  • Eleva la rodilla para bajar la hinchazón
  • Usa un vendaje elástico o un manguito de compresión de farmacia
  • Ibuprofeno o naproxeno si hay dolor e hinchazón, o paracetamol si solo buscas aliviar el dolor —este último no reduce la inflamación—; y consulta antes de tomarlos más de uno o dos días, o si tienes otros problemas de salud
  • Duerme con una almohada bajo o entre las rodillas
  • Pasado el primer momento inflamatorio, el calor puede aliviar la rigidez muscular — pero no si todavía hay inflamación

Cuándo consultar a un profesional sin esperar

Señales que no admiten espera

  • No puedes apoyar peso en la rodilla
  • Dolor intenso incluso sin apoyar peso
  • La rodilla se dobla, chasquea o se bloquea
  • La rodilla se ve deforme o hinchada de forma evidente
  • No puedes flexionar o estirar la rodilla completamente
  • Fiebre, enrojecimiento o calor alrededor de la rodilla
  • Dolor, hinchazón, entumecimiento, hormigueo o color azulado en la pantorrilla bajo la rodilla
  • El dolor sigue después de 3 días de cuidados en casa
  • Tras un golpe, caída o giro brusco, si aparece inestabilidad o inflamación inmediata, la consulta no debe esperar

Cómo se trata el dolor de rodilla

Un profesional empieza siempre por un examen físico, y según lo que encuentre puede pedir una radiografía, una resonancia magnética —si hay sospecha de lesión de ligamento o menisco—, un TC o un análisis del líquido sinovial. No hay un único camino: depende de lo que aparezca.

La fisioterapia, con terapia manual y ejercicio terapéutico progresivo centrado en cuádriceps, isquiotibiales y musculatura de la cadera, es la base del tratamiento en la mayoría de los casos. Las ondas de choque aparecen como apoyo en tendinopatías, y en algunos casos se recurre a una infiltración de corticoide en consulta para reducir dolor e inflamación.

La cirugía queda reservada a los casos severos —una rotura completa del ligamento cruzado anterior, un desgarro meniscal complejo— cuando el tratamiento conservador no ha bastado. Un dato curioso que aparece señalado en alguna fuente: el estrés podría ser un factor que intensifica la percepción del dolor, aunque conviene tomarlo como un posible factor agravante, no como una causa establecida.

Cómo evitar que el dolor vuelva

Una vez pasado el episodio agudo, lo que marca la diferencia es el fondo: la prevención.

  • Calienta antes de hacer ejercicio y estira cuádriceps e isquiotibiales al terminar
  • Evita correr cuesta abajo — baja caminando en su lugar
  • Sustituye la carrera por bicicleta o natación cuando puedas
  • Reduce o modifica la cantidad de ejercicio si notas que se repite la molestia
  • Corre sobre una superficie lisa y suave en vez de cemento o pavimento
  • Si hay sobrepeso, perder peso ayuda: como referencia orientativa, se ha señalado que cada 0,5 kg de más añade unos 2,25 kg de presión extra sobre la rótula al subir o bajar escaleras
  • Usa plantillas o soportes de arco si tienes los pies planos
  • Lleva calzado bien ajustado y con buena amortiguación

Al final, la rodilla no suele quejarse porque sí: casi siempre hay una causa identificable detrás, y la mayoría se resuelve con cuidados sencillos y algo de paciencia. Si el dolor persiste más de tres días o notas alguna de las señales de alarma, no lo dejes correr — pide cita y sal de dudas cuanto antes.